De la Inquisición a la Buggery Act: dos caras de una misma represión

26.06.2025

Cuando pensamos en la persecución histórica de las personas LGTBIQ+, la Inquisición católica suele venir a la mente como el gran aparato represivo de la Edad Media. Sin embargo, la represión no se limitó al catolicismo ni terminó con la Reforma. Muy al contrario: el protestantismo heredó el odio medieval hacia la diversidad sexual y lo convirtió en legislación civil duradera. La Buggery Act de 1533 es prueba de ello.

Un origen común: del pecado al crimen

La Buggery Act, promulgada bajo el reinado de Enrique VIII en Inglaterra, fue la primera ley civil moderna en el mundo anglosajón que criminalizó explícitamente los actos sexuales "contra natura". Incluía las relaciones homosexuales, pero también otras prácticas no reproductivas, agrupadas bajo un término tan ambiguo como peligroso: buggery.

Aunque esta ley marcaba un giro hacia la legislación estatal, no nacía de la nada. Su lógica represiva venía de siglos atrás: del Código de Justiniano (siglo VI), que ya castigaba con la muerte a quienes mantenían relaciones entre varones, y de la teología de san Agustín y Tomás de Aquino, que situaba la "sodomía" como uno de los pecados más graves, justo después del asesinato.

La Inquisición, nacida en el siglo XIII para combatir la herejía, incorporó esa doctrina como base. Durante siglos, la Iglesia católica ejecutó personas acusadas de sodomía en hogueras públicas, consolidando la idea de que el deseo no normativo era tanto un crimen como un pecado capital. Esta tradición, lejos de ser desmontada por el protestantismo, fue adoptada y reformulada en términos seculares.

La Buggery Act (1533): ley, horca y silencio

Aunque se promulgó antes de que Enrique VIII rompiera con Roma, sirvió para afirmar su autoridad moral sobre el pueblo inglés. La Buggery Act es, por tanto, un instrumento político y religioso que trasladó la represión sexual al ámbito estatal. Bajo esta ley, la sodomía —no definida con claridad— se castigaba con la pena de muerte por horca, sin posibilidad de asilo eclesiástico. La ambigüedad del texto permitía una aplicación arbitraria: bastaba una denuncia para arruinar una vida.

A diferencia de la Inquisición, que operaba dentro de la estructura eclesiástica, la Buggery Act convirtió al Estado en vigilante de la moral sexual. No necesitaba confesores ni autos de fe: bastaban jueces, carceleros y verdugos.

Aunque fue modificada a lo largo de los siglos, no se abolió completamente hasta 1861. Incluso entonces, su espíritu sobrevivió en leyes como la Labouchere Amendment de 1885, usada para condenar a Oscar Wilde por "indecencia grave".

Reproducción global del modelo represivo

La Buggery Act no se quedó en Inglaterra. Como tantas otras herramientas del imperialismo británico, fue exportada a sus colonias. Países como India, Nigeria, Jamaica o Malasia heredaron códigos legales basados en la versión victoriana de esta ley. Algunos mantuvieron sus disposiciones hasta el siglo XXI, como el famoso Artículo 377 de India, abolido en 2018.

El puritanismo anglosajón, con raíces tanto bíblicas como justinianas, se extendió también por las colonias americanas. En los Estados Unidos, leyes de sodomía vigentes desde el siglo XVII no fueron completamente anuladas hasta 2003, cuando el Tribunal Supremo falló a favor de la privacidad sexual en el caso Lawrence v. Texas.

Protestantismo sin inquisición… pero con castigo

A menudo se dice que el protestantismo, al carecer de inquisición, fue más tolerante. Nada más lejos de la realidad. En Países Bajos, Suiza o Escocia, durante los siglos XVI y XVII, hombres acusados de sodomía eran ahorcados, ahogados o castrados públicamente. Aunque no existía una inquisición formal, la iglesia reformada y el Estado compartían la vigilancia moral, en muchos casos de forma aún más intensa y comunitaria que la católica.

Además, en los contextos protestantes comenzó a aparecer una homofobia "laica": la homosexualidad empezó a verse no solo como pecado religioso, sino como una amenaza al orden social, anticipando su futura patologización en el siglo XIX.

Un legado duradero

La Buggery Act es más que una ley antigua: es el símbolo de cómo la moral sexual cristiana, codificada en el derecho medieval, fue secularizada en los Estados protestantes. Si la Inquisición usó la hoguera, el protestantismo usó la horca. Ambas compartieron un mismo objetivo: reprimir la disidencia sexual.

Y aunque hoy esas leyes están derogadas en muchos países, su legado perdura: en el estigma, en las leyes coloniales que aún castigan la homosexualidad, y en la visión del deseo como peligro. Entender esta genealogía del odio no es solo mirar al pasado: es comprender las raíces estructurales de la LGTBIfobia contemporánea.